Cuando todo cambia, hay que saber soltar (parte II) La imagen que proyectamos hacia los demás

soltando mariposas

 

Estarás conmigo en que a veces es muy fácil decir algo y, no lo es tanto, hacerlo. Por ponerte un ejemplo, todos los días llegan a nuestras manos a través de las redes sociales, un montón de frases con mensajes maravillosos, que por unos instantes leemos y quizás compartimos. Por otro lado, si vas a una librería y te acercas a la sección de libros de autoayuda, te darás cuenta de la inmensa oferta que hay, quizás ojees alguno e incluso lo compres y lo leas.

 Pero ¿qué es lo que nos pasa? Somos raros?, con nosotros y nosotras esto no funciona? por qué al poco tiempo, sigo en mi rutina aunque la frase me haya impactado o el libro me haya movido un poco por dentro?

Pues bien, es que no es tan fácil como parece, porque como sabes, aunque todo cambia nos resistimos a ese cambio, incluso cuando sospechamos que nos sentiríamos mejor. Muchos son los factores que pueden influir y probablemente estén llenos de matices personales, pero uno muy importante para mi, tiene que ver con nuestro sentido del yo ¿si es que esto existe? y con la imagen que proyectamos hacia los demás.

Uf! lo escribo otra vez para que te resuene más: la imagen que proyectas hacia los demás.

Cuando se empieza un proceso de coaching, es muy probable que uno de los temas que se sugieren sea que valoremos cómo repercutiría en nuestra vida ese objetivo o meta que deseamos conseguir, qué nos demos cuenta de cómo afectará a las personas que nos rodean, que conviven con nosotros.

Pues bien, no es una pregunta inocente como habrás supuesto, porque si se trabaja bien, aquí aparece la imagen que los demás tienen de mi, las expectativas que han puesto en mi, el comportamiento que esperan de mi. O simplemente a lo que están acostumbrados a observar.

Puede ser algo tan sencillo como que tu grupo de amistades te note diferente y te digan algo así como: no sé, te noto rara, ya no eres tan divertida. O si has decidido poner más límites, te digan algo así como: pues estás un poco borde, ya no eres tan dispuesta etc.

Comentarios inocentes como estos, pueden doler y hacer daño, incluso echar para atrás todo un proceso de cambio que en lo más interno de ti sabes que lo deseas.

Por eso hay que saber soltar. 

Soltar esa imagen de ti que ya no tiene que ver contigo, sencillamente porque has cambiado. Soltar amistades que ya no te aportan y te restan. Soltar relaciones que no te hacen feliz. Soltar trabajos para poder encontrar tu hueco. Soltar la “alegría”, si lo que necesitas es recogerte en la tristeza para hacer tu duelo. Soltar tu imagen de “niña buena”, si lo que te apetece es hacer alguna travesura. Soltar el cartel de “totalmente disponible” por el de “lo siento, pero no puedo ayudarte”. Soltar la imagen de un cuerpo de 20 años para aceptar tu cuerpo de ahora. Soltar para abrazar, si eso es lo que ahora te apetece, aunque antes solo de pensarlo te pusieras enferma.

Tenemos derecho y me atrevería a decir la obligación de cambiar. Es sano y necesario

Y para ello, tenemos que soltar, soltar y soltar para renacer, para re-inventarnos, para ser quienes queramos ser y vivir como queramos vivir. No permitas que la imagen que los de más tienen de ti, sea tu cárcel.

 

 

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