El anhelo: mindfulness con género

Mindfulness es la cualidad de la mente de estar plenamente presente con una actitud amable, sin juicio. Mindfulness es algo innato que podemos cultivar durante toda nuestra vida. De hecho, hay un momento en el que por alguna razón entras en contacto con esta palabra. Alguien ha hecho un curso, lo has leído en el título de un libro o simplemente aparece frente a ti. Y a partir de ese momento, quizás decides acercarte con humildad a la vida consciente y compasiva, a través de una formación, a través de unas clases prácticas, un retiro, un libro… y entonces, comienzas a conectar con esa sabiduría innata, presente en todos los seres humanos desde que nacemos, empezando a degustar la delicia de vivir con plena consciencia.

El cultivo del Mindfulness es milenario y originalmente, aunque no exclusivamente asociado al budismo. En nuestros días lo aprendemos desprovisto de cualquier etiqueta o carga espiritual, lo aprendemos como una forma de ser y estar en el mundo más amable y menos reactiva. En mi camino por la senda de la consciencia, voy aprendiendo con humildad, sin prisa, pasando por la piel y la carne todo lo que leo y escucho y sobre todo con práctica, mucha práctica.

Hoy quiero compartirte mi encuentro con el anhelo. Anhelar es una palabra poco utilizada que tenemos asociada al deseo. Y el deseo no es malo ni bueno en sí mismo. Lo que ocurre en mi humilde opinión es que tenemos un deseo dirigido por una sociedad muy centrada en la falta, en la idea de la carencia, de que algo nos falta y lo necesitamos para sentirnos mejor, para sentirnos mejores. Por eso, los deseos se vuelven superficiales, consumistas, entran más en el campo de la apetencia. Y ¡ojo! Pueden ser muy tiranos. Por eso, frente al deseo se encuentra el anhelo. El anhelo nos conecta con un deseo profundo, genuino, auténtico que no está sujeto a algo superficial, pasajero. Conectar con el anhelo, es conectar con lo más íntimo, es escuchar al corazón pausadamente. El anhelo no es algo que pueda satisfacerse entrando en una tienda o buscando en amazon. No, el anhelo nace de la intimidad contigo, de la escucha profunda, de la pausa, de la tranquilidad, en definitiva, del amor.

Anhelar no es algo pasivo, cuando entras en contacto con aquello que anhelas, se empieza a movilizar una fuerza interior muy potente que te pone en disposición de búsqueda, que te anima a caminar sin prisa, pero consciente de hacia dónde vas o al menos, para alejarte de dónde ya no quieres estar. El anhelo no es egoísta, nace de un deseo personal, profundo e íntimo, pero te pone en conexión. El anhelo nace de la consciencia, nace de Mindfulness. De esa conexión íntima contigo, de ese sentirte en cada momento de tu vida, haciéndote compañía, y como dicen los versos de un poema de Mary Oliver, “escuchando una voz nueva que enseguida reconoces como la tuya que está dispuesta a hacer lo único que puedes hacer, que está dispuesta a salvar, la única vida que puedes salvar”. Cuando nos sentamos a practicar en silencio, cuando nos damos permiso para estar presentes, surge el anhelo en nuestra mente-corazón y ese anhelo es una gran fuerza transformadora.

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