Habitar el cuerpo: mindfulness con genero

Tenemos un cuerpo, esto es un hecho difícil de negar. Tenemos un cuerpo venerado u odiado o también ignorado, cada una/o sabemos en que momento estamos en relación con nuestro cuerpo. Nuestra sociedad lo utiliza para vender todo tipo de productos, el cuerpo es el reclamo, la atracción. Poniendo el foco en algo que le falta, siempre introduciéndonos la idea de que puede ser mejorado. Sin embargo, al mismo tiempo, vivimos en una sociedad hiperactiva que prioriza la actividad mental y funciona la mayor parte del tiempo en piloto automático. Somos una sociedad hiperactiva, estresada, y si me lo permites, bastante deshumanizada. Así que tenemos un bonito cóctel. Por un lado, una mente hiperactivada y por otro lado, un cuerpo que al que solo prestamos atención para domesticarlo o para ignorarlo. 

Henry David Thoreau escribió: “Reside lo más cerca que puedas del canal por el que fluye tu vida”. 

Así es, el cuerpo es el canal por el que fluye la vida. Sabrás porque lo digo muchas veces que es la casita que tenemos para vivir. 

El cuerpo es el primer fundamento del Mindfulness. La psiquiatra Tara Brach, dice que la Aceptación Radical empieza por un nivel tan básico como es hacernos conscientes de las sensaciones que tienen lugar constantemente en nuestro cuerpo. 

El cuerpo es nuestro hogar y por tanto debemos habitarlo. 

Es a través del cuerpo como entramos en contacto con la vida, sin embargo, estamos tan mentales, tan centradas/os en los pensamientos, en las ideas e historias que nos contamos acerca del mundo, que nos perdemos ese contacto directo con la experiencia que sucede a través del cuerpo y del lenguaje que utiliza para comunicarse, que son las sensaciones. 

En la práctica de Mindfulness el cuerpo es la base. Aprendemos a manejar la reactividad de la mente atendiendo suavemente a las sensaciones del cuerpo sin modificarlas, investigándolas con curiosidad como si fuésemos exploradoras. Nos damos cuenta, una y otra vez que la mente se distrae, empezamos a reconocer como se queda atrapada en las historias, pensamientos sobre lo ocurrido, sobre lo que crees que va a ocurrir o en las fantasías que nos contamos.

Habitar el cuerpo, entrar en contacto directo con las sensaciones en cualquier actividad de la vida, puede ser el comienzo de un pequeño o gran cambio vital. Mindfulness es una actividad profundamente transformadora. Así que te dejo con las palabras de una de mis poetas favoritas Mary Oliver, espero y deseo que te hagan compañía y las recuerdes siempre que las necesites.

No tienes que ser buena.

No tienes que atravesar el desierto

de rodillas, arrepintiéndote.

Solo tienes que dejar que ese delicado animal

que es tu cuerpo ame lo que ama.

Cuéntame tu desesperación y te contaré la mía.

Mientras tanto, el mundo sigue.

Mientras tanto, el sol y los guijarros cristalinos

de la lluvia avanzan por los paisajes,

las praderas y los árboles frondosos, las montañas y los ríos.

Mientras tanto, los gansos salvajes, que vuelan alto

en el aire azul y puro,

vuelven nuevamente a casa.

Seas quien seas, por muy sola que te sientas

el mundo se ofrece a tu imaginación,

y te llama, como los gansos salvajes, chillando con excitación

— anunciando una y otra vez

tu lugar en la familia de las cosas.

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