Mindfulness y adicción. Para Belén con Amor

Justo antes de comenzar el periodo vacacional asistí a un seminario en Madrid con Valerie Mason – John.

Vimalasara, que es como se la conoce, es una mujer excepcional, o mejor dicho, corriente, como tú y como yo y también por ello excepcional, experta en mindfulness y adicciones y cocreadora del programa Mindfulness Based Addiction Recovery (MBAR). 

Durante el taller habló de mindfulness y habló de adicciones y lo hizo en primera persona, desde la experiencia, con valentía, sabiendo y transmitiendo que el ser humano se cae y lo más importante no es cuántas veces se cae, sino saber, que se puede levantar las veces que sea necesario.

El enfoque de la atención plena está teniendo muy buenos resultados en el tratamiento de las adicciones y las recaídas y lo hace desde una radical toma de conciencia. Durante el taller, mientras Vimalasara nos contaba su vida, sus recaídas sus adicciones, sus conflictos con la alimentación, yo recordaba los míos propios y tomé conciencia de que yo también había sido una adicta cuando convivía con la anorexia. Hasta ese momento no lo había enfocado así, pero en realidad, aquello se acaba convirtiendo en una adicción porque no sabes cómo salir de ella y lo repites una y otra vez, mejoras y al menor contratiempo, una palabra, un silencio, una mirada… sucede de nuevo. No quiero profundizar en ello, sabes que conté esta experiencia en un pequeño ebook “Mi experiencia con la anorexia. Un conflicto emocional” que tienes disponible on line en la casa del libro. Lo que me interesa compartir de esta historia de mi vida, son algunos matices que conectan directamente con la forma en la que trabaja el mindfulness.

Cuando estás enferma, o eres tienes una adicción o simplemente sientes malestar, al final lo que hay es una inmensa desconexión del cuerpo. Pensamos quizás inconscientemente que si adormecemos o aniquilamos las sensaciones del cuerpo todo desaparecerá. Sin embargo, aniquilar las sensaciones del cuerpo supone también adormecer o aniquilar las emociones y quedarnos a solas con nuestra mente pensante que aunque maravillosa, no siempre resulta la mejor compañía. 

Con mindfulness volvemos al cuerpo una y otra vez. Un cuerpo que hhabitamos y con el que podemos percibir un montón de sensaciones. Sensaciones que siempre tienen un tono, algunas serán agradables, otras desagradables y otras neutras. Con la práctica las atendemos a todas, les abrimos su espacio y las dejamos pasar, lo mismo hacemos con el estado emocional y también con más práctica aprendemos a hacer lo mismo con los pensamientos. De esta manera dejamos de considerarlos hechos inmutables y los empezamos a tratar como eventos mentales que vienen y van, y que podemos manejar sin reaccionar. El cuerpo, mi cuerpo, tu cuerpo siempre está ahí y no solemos prestarle mucha atención. Puedes incluso odiarlo como me pasaba a mi, sin embargo con el tiempo, con mindfulness y con unas enormes dosis de Amor, empiezas a confiar en él, te das cuenta de que es el mejor detector sino el único, de lo que te está pasando, de lo que estás sintiendo. Mucho antes de que lo elabores mentalmente, ahí está la sensación, agradable, desagradable o neutra. Y al final cuando hablamos de mindfulness, hablamos de un acto radical de Amor. No hay mindfulness sin amor, sin compasión, sin ternura. Y hoy día estamos muy necesitados de amor, de ternura, de compasión. En primer lugar hacia nosotras mismas y de ahí al universo. 

La próxima vez que seas dura contigo misma/o recuerda lo que Vimalasara me escribió al dedicarme su libro “Mindfulness y adicción. Saliendo del círculo vicioso de la adicción y las conductas compulsivas” editado por El Rincón de Mindfulness, y del que te recomiendo su lectura. Para Belén con Amor. Siempre con Amor.

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