Ni bien, ni mal, tan solo date cuenta: mindfulness con género

No es fácil entender el no juicio que practicamos y entrenamos en las prácticas de mindfulness, y menos fácil es llevarlo a la práctica. No es fácil, porque vivimos en un mundo lleno de juicios y comparaciones. Un mundo en el que alguien en algún momento nos situó en una línea de salida y nos señaló una meta hacia la que empezamos a correr rodeadas/os de otras personas quizás tan perdidas y desorientadas como nosotras/os. 

Una de las frases tomada de Jon Kabat Zinn y que me gusta repetir en cada práctica de meditación es: no tienes nada que hacer, ningún sitio a dónde ir, tan solo estar aquí respirando, sintiendo, siendo. 

Me gusta además hacer hincapié en que no tenemos que demostrar nada a nadie, ni siquiera a nosotras mismas. Y aquí y de nuevo atendiendo a ese mandato de género que en algún momento de la carrera de la vida nos inculcaron, sale el perfeccionismo. Una idea de tener que hacerlo bien todo, también la práctica de meditación.

Y quizás sea esto el aprendizaje más importante de un curso de Mindfulness y créeme que no es fácil. A mi me ha llevado años entenderlo. Es común terminar la práctica y evaluarla como buena o mala, como mejor que ayer o peor que ayer. Este patrón aprendido y reactivado sale una y otra vez impregnando todo lo que hacemos, también nuestra práctica.

Y sentarse a meditar, es sentarse, recogerse unos minutos para estar con lo que hay. No hay nada que conseguir, no hay ningún estado emocional que alcanzar, tan solo, estar presente y atenta. No hay una buena meditación. La práctica consiste en estar consciente de todo lo que acontece en tu mente en cada momento. Si hay aburrimiento, te das cuenta, si hay calma, te das cuenta, si aparece un pensamiento que te lleva a tus próximas e idealizadas vacaciones, te das cuenta, si aparece ese dolor frecuente y conocido en un lado de la espalda, te das cuenta, si te pica, te das cuenta, si sientes frío o calor, te das cuenta…así, hasta que suene la campana. No hay manera de hacerlo bien ni mal, como puedes observar, pero nuestros patrones competitivos, con los que nos comparamos y nos comparan, nos lleva a etiquetar la práctica como buena o mala. Con el entrenamiento en Mindfulness aprendemos a relacionarnos con la vida, con la práctica con todo, de una manera amorosa y compasiva. Por supuesto aparecen los patrones, pero ya estamos alertas para detectarlos y no dejarnos arrastrar por ellos y si lo hacen, tenemos herramientas para salir cuanto antes y dejar de estar atascada

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