No te identifiques: mindfulness con género

Muchas veces me han dicho en los cursos de mindfulness: no quiero tener esos pensamientos que me torturan, no quiero sentir esas emociones que me hacen sufrir y me descolocan, no quiero tener ese dolor en el cuerpo, no quiero, no quiero, no quiero…

Y tomando conciencia del enorme sufrimiento, muchas veces de años, que se esconde detrás de esas palabras, abro mi corazón y respondo que no podemos evitar pensar lo que pensamos, ni sentir lo que sentimos. Al menos con el enfoque de Mindfulness no es esa la manera de trabajar. Con mindfulness aprendemos a reconocernos como seres humanos que tienen una mente pensante y sintiente. Una mente que no puede dejar de pensar, una mente errante que va de un lado a otro y se identifica con aquello que es el objeto de su pensamiento. 

Con Mindfulness aprendemos a relacionarnos con esa mente pensante, insaciable y maravillosa. Aprendemos a entenderla en su propia naturaleza y desde esa relación amable, le indicamos alternativas más creativas y saludables. Aprendemos a observarla, a sentir, a escuchar y aprendemos una y otra vez, con cada práctica que hacemos, a no identificarnos con aquello que entra en ese magnífico contenedor que es nuestra mente. Desde ahí, empezamos a tener las riendas para avanzar paso a paso, sin prisa, hacia una vida más saludable. Cuando no te identificas con aquello que pasa por tu mente, ganas distancia, tomas perspectiva, te separas, lo ves desde otro lado y entonces, quizás te das cuenta de que eso que pensabas si no le das el poder de tu identificación, si no te lo crees al cien por cien, cambia, desaparece, la mente encuentra otro pensamiento, u otro objeto de atención. 

Aprendemos humildemente en una actitud de permitir que todo lo que surja en la experiencia momento a momento, pueda ser recibido. No rechazamos nada, permitimos que entre cualquier pensamiento, desde lo más trivial, como: ¿qué voy a comer hoy? a lo más profundo: ¡fuiste una mala persona! Estas dos frases, en el contenedor de nuestra mente, son pensamientos, así de sencillo y desde ahí, puedes empezar a relacionarte con ellos tomando distancia, sin identificarte. Cuando hablamos de pensamientos y emociones y también aprendemos lo íntimamente relacionados que están, nos damos cuenta de que no podemos darles una solución – respuesta racional, aprendemos entonces desde la humildad y la paciencia a aceptarlos como parte de la experiencia, los contenemos en el campo de nuestra conciencia, nos damos cuenta de que están ahí, y no nos identificamos con ellos.

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