Objetivos no, beneficios sí: mindfulness con género

Quiero dedicar este artículo a una antigua alumna de mis cursos de mindfulness. Sara insistía en preguntarme durante todo el tiempo que duró el curso sobre los objetivos del mindfulness, yo me escabullía una y otra vez y le respondía “a la gallega” con un: ¿qué estás notando tú, si es que estás notando algo? 

En mindfulness no hay nada que conseguir, tampoco nada especial que hacer salvo practicar un poco cada día y asistir a las clases semanales. Al principio esto no es fácil de entender. Estamos acostumbrados a guiarnos por objetivos que tenemos que alcanzar o conseguir. Metas lejanas hacia las que dirigirnos e incluso competir por ellas. Mindfulness se aleja de todo esto, por eso Jon Kabat – Zinn, el creador de lo programas MBSR de Mindfulness para la gestión del estrés nunca habló de objetivos que conseguir. En realidad, todo lo que abarca el Mindfulness ya está en cada una y cada uno de nosotros. Es a la vez tan sencillo y tan escurridizo que parece un juego de equilibrio. En los cursos de Mindfulness no hablamos de objetivos, pero sí hablamos de posibles beneficios que no es lo mismo y además insistimos en que cada persona tiene su propio ritmo y cada una de nosotras se encuentra en un momento vital distinto. Por eso es tanta la riqueza que se genera en una clase de Mindfulness. Las experiencias sobre las prácticas, lo que cada persona aporta nos enriquece al grupo entero. No hay metas, no hay objetivos. Vivimos en un mundo tan competitivo en el que casi cada acción está dirigida a obtener un resultado, que afrontar 15 minutos de la vida tan solo a observar cómo respiramos se nos hace algo inaudito. 

¿Qué es lo que tengo que conseguir? 

Nada que conseguir, tan solo practicar y empezar a tomar conciencia de cada momento de nuestra vida. ¿Y cuáles son los beneficios de ser y estar más consciente? Pues al final del curso los fuimos recopilando entre todas y todos. Hablaron de poder hacer pausas para no ir en automático. Hablaron de poder escuchar más atentamente a las personas que les rodean. Hablaron de gestionar mejor su tiempo y darse cuenta de cuando los “ladrones de tiempo” se lo llevan, hablaron de sentirse más vivas, más responsables de su vida. Hablaron de conciliar mejor el sueño, de tener mejores relaciones con sus hijos…. Así poco a poco, algunos de los beneficios que tiene el entrenamiento de la atención plena o Mindfulness fueron llenando la pizarra. No hablábamos de algo teórico, se hablaba en base a la experiencia. Esa experiencia que tienen que ver con el contacto con la vida tal y como es, tal y como se va desplegando momento a momento.

Al final le llegó el turno a Sara y dijo, yo no he notado nada, tan solo que me siento más tranquila y afronto la vida de otra manera. A veces esperamos tanto, que no nos damos cuenta de los avances. Sara soy yo y quizás tú que ahora estás leyendo esto. Pensamos y vivimos la vida intentado alcanzar metas, objetivos y mientras tanto, la vida está ahí, entera para vivir la experiencia, consciente, sin reaccionar, dando la mejor respuesta posible a cada situación, manteniendo equilibrio mental y emocional y la conciencia en cada aliento.

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