Sentarme a practicar mindfulness

Nada que hacer, ningún lugar a donde ir, tan solo estar sentada, con una actitud de aceptación ante lo que surja, desde la amabilidad y el trato compasivo. Esto es meditar para mí.

Cada vez que me siento a hacer una práctica de atención plena, solo estoy conmigo.  ¡Vaya! lo escribo y parece fácil, pero mi práctica me dice que no lo es.

Siempre es un acto valiente, incluso cuando lo deseo más que nada. Al sentarme en la quietud del cuerpo, la mente continua con sus pensamientos. A veces pasan muchos minutos hasta que se ralentizan y empiezo a hacerme más consciente y desde ahí, tengo alguna oportunidad de hacer algo con esos fenómenos mentales, los pensamientos y las emociones que aparecen asociadas. Están ahí, tal y como son, toda mi mente sin filtro… A veces me habla mucho, hasta cargarme, a veces me presenta imágenes como si viera una película. La realidad es que no siempre es un momento agradable y entonces me pregunto: ¿para qué me siento?

Y la respuesta, surge en esos momentos de paz y serenidad que alcanzo cuando soy capaz de ver todo esto que ocurre en mi mente – corazón, que también soy yo pero que no me define, que no me completa.

Instantes en los que puedo separarme lo suficiente y regresar a mi cuerpo, a mi ancla de las sensaciones de la respiración o a los sonidos. Entonces, aparece esa sensación también pasajera de plenitud. Y estoy ahí, sentada, sin más. Quieta, a veces sintiendo cómo se me duerme una pierna o cómo me entra un picor en el antebrazo. Y ya, no hay nada más. Soy consciente, estoy atenta y presente y me libero por unos instantes de las ilusiones de “la loca de la casa” como llamaba Santa Teresa a la mente.

Me siento para darme cuenta de la cantidad de películas que me monto y de cómo la existencia, el milagro de vivir, siempre puede ser algo más sencillo si me lo propongo. No busco aislarme, o mejor dicho, a veces sí, porque encuentro tanto refugio en la vorágine de relaciones, ocupaciones… pero, incluso cuando me siento buscando esa soledad, ese momento “sabiamente egoísta” solo para mí, termino encontrando esa conexión con todo, también con lo que no me gusta o me incomoda y entonces, reconozco que esto es vivir. Que sentir la vida, es ser consciente de todo lo que me conforma, interna y externamente. Cada momento que he vivido forma parte de mi historia, pero yo siempre soy mucho más que eso y, por lo tanto, siempre puedo empezar, despertar y elegir qué hacer y cómo vivir el momento siguiente.

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