Un canto a la vida: mindfulness con género

Hoy quiero escribir sobre la vida, sobre el sentimiento de sentirte viva. Así que te pregunto ¿cómo te das cuenta de que estás viva/o? 

En esta vida nuestra, en la que vamos tan deprisa, casi corriendo y esto es literal si vives en una gran ciudad tipo Madrid. Pues bien, siempre que nos movemos es para ir algún lugar, para hacer algo y casi siempre, con prisa, sintiendo el tic-tac del reloj presionando en nuestra cabeza ¿Sabes que estás viva o, mejor dicho, lo das por supuesto? 

Con Mindfulness empezamos a distinguir sabiamente entre estas dos opciones. Dar por supuesto que estamos vivos, consiste en levantarte, poner tu piloto automático, dejarte llevar por tus rutinas de aseo y aplicarte a tus tareas cotidianas con mayor o menor dedicación. 

Sentir que estás viva, significa recibir el día desde el agradecimiento por ese nuevo amanecer. Darte cuenta de que respiras o mejor dicho, acompañar a tu cuerpo cuando respira para maravillarte una y otra vez de ese hilo tan delicado e importante que te mantiene unida a la corriente vital. Sentirte viva, es notar en tu piel el agua que te limpia o el tacto de tus manos cuando te das crema, la temperatura de la piel, sus cambios, el roce de la ropa cuando te la pones. Son tantas las oportunidades de sentir la vida y agradecerla. El desayuno es otra gran oportunidad, da igual si desayunas mucho, poco, temprano o más tarde. Siempre supone un momento para estar presente, presente en ese calor que desprende la taza de te o café, presente en su aroma, su sabor; ese primer sorbo que calienta tu boca y tu garganta y se deposita plácidamente en el interior de tu cuerpo. Comer como un acto militante de atención plena, eligiendo estar presente, eligiendo sentir la vida. La próxima vez que te encuentres yendo veloz de un sitio a otro, dejando que solo tu mente maneje tu vida, te invito a hacer una pausa, corta, sencilla, para sentir que respiras, sentir, el aire en tu piel, sentir olores y sabores y por supuesto todos esos sonidos que quizá estén disponibles también. Vuelve a tu cuerpo, siéntete, agradece tu vida y después continua con lo que estuvieses haciendo, quizás esbozando la ligera sonrisa que compartimos las personas que sabemos sentir que estamos vivas.  

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