Un paseo por el campo. Mindfulness con género

Siempre me ha gustado estar en contacto con la Naturaleza. Mis primeros recuerdos de muy niña están ligados al campo, a la sensación de andar descalza por las rocas, sentir el sonido crujiente de las hojas caídas en otoño, observar hormigas, luciérnagas, lagartijas. Me sentía libre y conectada con la Naturaleza. Luego en torno a los 10 años, desarrollé una enorme alergia al polen y me recetaron no salir al campo en primavera. Recuerdo sentir pena y no entender qué pasaba. ¿Cómo entender que aquello que me hacía sentir feliz, también podía hacerme daño? Y fueron pasando los años, algunos en los que me costó vivir y levantarme cada día. Alejada de la Naturaleza y de mi propia naturaleza, de mi cuerpo, odiándolo cada minuto. Y los años siguieron pasando y un día después de haber tenido a mi maravillosa hija, las alergias desaparecieron. Siempre pensé que el embarazo y el hecho de alimentar otra vida dentro de mi, me ayudaron a reconectarme con mi cuerpo y con mi naturaleza. A día de hoy, apenas tengo algún episodio suave de alergia, y puedo disfrutar del campo y de los paseos conscientes. Y aquí entra Mindfulness, seguro que ya pensabas que no lo iba a nombrar, jajajaja.  Mindfulness me ha ayudado a reconectarme. Me ha ayudado a sentir y sentirme más presente en mi vida, y esto, hace que pueda estar más presente en cualquier experiencia tanto si es agradable como si es desagradable. 

Los paseos por el campo me resultan muy agradables independientemente de la estación del año. Me encanta sentir el frescor en el rostro. Caminar y sorprenderme por el musgo que abriga las piedras y que alfombra el camino. Escuchar los innumerables trinos de los pájaros, fijarme en las madrigueras de ratones, topillos y conejos. Y si la suerte está conmigo, disfrutar de un encuentro milagroso con algún corzo o bambi como me gusta llamarlos. Camino consciente, con la mente abierta y serena, estando presente en cada detalle y también dándome cuenta de cómo me siento a mi misma. A veces también me paro en algún rincón y me siento para sentir el calor de los últimos rayos de sol. La puesta de sol es un milagro que sucede cada día. La vida si la sabemos mirar, está llena de milagros. Mindfulness nos enseña a tener esa mirada limpia para ver y sentir. Mindfulness nos enseña a no esperar que sucedan momentos grandiosos para sorprendernos de la vida y de sentirnos vivas. Mindfulness me ha ayudado a darme cuenta de que nunca estoy sola, de que siempre estoy conmigo y puedo sentirme.

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