Sola en el bosque junto a la vía del tren. Pinos altísimos hablan en su idioma, se quejan, se alegran, ¿quién sabe? Yo, no lo sé.

Solo escucho el crujir de su corteza, el viento que los mece, y la lluvia que cae.
Primero suave, delicada, acariciándome. Y poco a poco, se intensifica. Los árboles callan y la lluvia suena. De pronto uno contesta y dialogan. Y yo sigo aquí, sentada junto a las vías del tren, en medio del bosque. Escuchando y sintiéndome en total conexión.
Ahora empiezan a cantar de nuevo los pájaros, trinan como si me avisaran de la lluvia que cae cada vez con más intensidad. ¿Qué haces? Protégete, me dicen. Y entonces los arboles comienzan a hablar de nuevo. ¿Qué estás haciendo? ¿no oyes? me gritan, te vas a empapar, vete a casa, ponte a resguardo. Ya estoy en casa les digo. Me siento a salvo, mojada y feliz.
