Una de las cosas que más desconcierta cuando empezamos a practicar meditación, son los pensamientos. Al principio es posible que pensemos que somos incapaces para meditar porque la mente no deja de bombardear con pensamientos de todo tipo y condición.
Si tenemos ocasión de compartir algo después de la práctica, lo más probable es que eso mismo les haya pasado a muchas de las personas, incluida la profesora. Quizás resulte igual de desconcertante cuando te digan que es normal, que el objetivo de la meditación no es dejar de pensar o dejar la mente en blanco. Entonces surge la pregunta: ¿Qué hago con los pensamientos?
La gran maestra Ayya Khema propone tratar a cada pensamiento como un maestro. La mente se relaciona con nosotros a través de los pensamientos y durante la meditación nos damos cuenta de que piensa lo que quiere justo cuando desearíamos tener un poco de calma. Empezamos a ver con claridad, que tenemos muy poco control sobre lo que va apareciendo en la mente, simplemente surge y desaparece, o se mantiene y nos enreda. Por lo tanto, vamos conociendo desde la experiencia directa que la mente es ingobernable.
Durante la práctica también nos damos cuenta de que esos pensamientos no han sido invitados, no has pedido tenerlos. Pueden aparecer pensamientos de hace mucho tiempo o llevarte a futuros inciertos o meterte en una fantasía. No hay control alguno sobre si eso que piensas será agradable para ti o desagradable, en fin, es como una lotería. Por lo tanto, durante la meditación nos damos cuenta de que la mente no es de confianza, ni nos lleva a sitios totalmente seguros, entonces, cómo vas a confiar en algo sobre lo que no tienes ningún control?
Por eso durante la práctica de la meditación empezamos a conocer la mente y los procesos mentales. Este conocimiento nos abre un espacio precioso que nos permite separarnos unos instantes de ese pensamiento y por lo tanto, empieza a obrarse la magia de la no identificación. Ya no estamos obligadas a creernos todo lo que pasa por la mente, a creer que todo lo que pensamos es verdad, es seguro y recomendable.
¿Te imaginas que poder tan inmenso empiezas a tener? Sí, creo que si podemos imaginarlo. Lo que ocurre como todo lo que tiene que ver con la meditación es que no se aprende leyendo, se aprende practicando, teniendo experiencia directa cada vez que te tomes la valiente y empoderadora decisión de sentarte a meditar.
