Otoño, invita a soltar. Los árboles nos enseñan cada año en esta época, que dejar ir, que permitir que algo que te cubría, te llenaba, incluso daba tu sentido de vida, puede ser invitado a que se lo lleve el viento.
Mindfulness es la práctica de la impermanencia. Cuanto más practicamos más nos damos cuenta de que nada de lo que en este momento te define, te conforma tal y como eres, será para siempre.
Mindfulness nos invita a navegar en los cambios vitales, en los cambios de trabajo, en los cambios de salud, en los cambios de amistades, en los cambios de vivienda…
Cuando desde la serenidad que aporta la práctica y la manera de vivir mindfulness nos hacemos conscientes de esta realidad humana, la vida es un continuo fluir, un continuo dejar ser y abrirse a todo.
El árbol necesita soltar las hojas para permitir que aparezca su nuevo ropaje en primavera. De la misma manera, nosotras sabemos en el fondo de nuestro corazón, que tenemos que dejar ir situaciones, ideas y creencias de lo que hasta ahora considerábamos que nos definía o que necesitábamos, para hacer espacio a lo nuevo, a lo que todavía no conocemos, a lo que está por venir.
Cuando el viento desprende las hojas de los árboles estas caen y cubren la tierra. Se convierten así en abono y rico sustrato para la vida. De la misma manera, cuando soltemos podemos tener por seguro que eso que se va nos nutrió, nos sirvió, quizás nos aportó muchísimo en la vida, y ahora simplemente lo dejamos ir para invitarnos a transitar nuevos senderos.
Aferrarte genera tensión, estrés, enfermedad incluso, dejarte fluir generando confianza desde una acción consciente y bondadosa genera apertura, posibilidades, crecimiento.
