¿Cuánto meditar?: mindfulness con género

La meditación es la práctica formal de mindfulness que utilizamos para entrenar a la mente – corazón en la estabilidad, la sabiduría, el amor, la comprensión… en definitiva, en la presencia.

En el curso de mindfulness para reducir el estrés MBSR, se propone a las personas participantes, una práctica formal de 45 minutos, al menos 5 días a la semana. La mayoría de las veces, esto es el primer contacto que tienen con una práctica meditativa. Es verdad que se ofrece en una de completa relajación para el cuerpo como es la postura tumbada boca arriba. En los encuentros que tenemos los profesores con nuestros maestros y maestras, esta duración siempre es motivo de polémica, que, si es demasiado, que por qué no se acorta, que hace que mucha gente no lo haga etc.  En el último encuentro al que asistí, en el que participaba Jon Kabat – Zinn (creador del programa MBSR) la respuesta fue: continuamos invitando a las personas que se acercan al MBSR a meditar 45 minutos y así lleva haciéndose desde 1979.

Podemos pensar que es una tortura, qué no tiene sentido o que sería mejor hacerlo más corto, pero la realidad es que se mantiene porque al meditar no buscamos la relajación, ni siquiera sentirnos bien, ni siquiera tiene que gustarnos.

La propuesta cada vez que nos sentamos en soledad con nosotras mismas/os es explorar y conocer los contenidos de la mente y los procesos en los que se enreda bien por deseo y apego, quiero esto, me gustaría tener esto, comer esto, que hubiese sucedido aquello… o por rechazo, no quiero esto, quiero que esto cambie, ser de otra manera, que mi madre sea diferente, mi trabajo…

Si nos sentamos a practicar 10’ la probabilidad de que vaya todo tranquilo es alta, pero quizás en estos 10’ no nos da tiempo a dejar que en la mente vaya apareciendo todo eso que la enreda y que nos genera insatisfacción y por lo tanto sufrimiento. Suele decirse (lo dicen estudios científicos) que es a partir de los 20’ cuando la mente de por sí, pizpireta y distraída, amiga de estímulos y fantasías, suele empezar a inquietarse. Y es a partir de ahí, cuando puede surgir el aprendizaje, la visión clara de las cosas tal y como son, es decir, la realidad sobre ti y sobre el mundo que te presenta la mente y que desde la serenidad y presencia que entrena la práctica con amable disciplina, podemos empezar a conocer y decidir no identificarnos con esos pensamientos.

Así que ante la pregunta cuánto meditamos, quizás la mejor respuesta no sea un tiempo concreto, si no aquel que te permita explorar y conocerte y no solo sentirte bien.

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