El 25 de noviembre es el Día Internacional contra la violencia hacia las mujeres. Es un día triste y reivindicativo, un día en el que miles de mujeres salimos a las calles para visibilizar y denunciar una lacra social que nos afecta a las mujeres por el hecho de ser mujeres.
Esta violencia es tan específica que solo puede entenderse dentro del sistema que la origina y perpetua: el patriarcado. Un sistema de organización político, social, cultural, doméstico en el que la relación entre hombres y mujeres está jerarquizada desde el nacimiento. Así que esto no va de ti ni de mí, aunque también; esto va, de cómo queremos organizarnos y convivir.
Yo he tenido la suerte, sí, estás leyendo bien, de acompañar a mujeres resilientes de esta violencia en formaciones grupales de mindfulness en distintos municipios de la Comunidad de Madrid. Y hoy, quiero hablar de ellas y de mindfulness.
Todavía hoy si cierro los ojos un ratito y pienso en ellas, puedo ver sus caras, recordar sus nombres, sentirlas cerca. Cada una un ser único, bello y dañado. Dañado y violentado física, emocional e institucionalmente. Violencia en el cuerpo (empujones, críticas, desprecios, insultos). Violencia emocional (autoestima por los suelos, sensibilidad a flor de piel y una tristeza densa, inmensa que tiñe cualquier experiencia). Violencia institucional (pérdida del hogar, separación de los hijos, acusación de síndromes inventados…).
Y así, se encuentran con Mindfulness. El entrenamiento de la atención plena que nos devuelve la presencia.
Presencia en el cuerpo que semana tras semana, poquito a poco, empieza a convertirse en un aliado. Empieza a ser visible sin miedo. Se convierte en un recurso y deja de ser un recipiente enajenado por la violencia.
Presencia en la mente corazón, recuperando el control sobre una mente secuestrada por su maltratador. Comenzando a discriminar los pensamientos y dejando de identificarse con ellos. Recuperando poco a poco todo el espectro emocional que tiñe la vida más allá del dolor y la tristeza. Una sonrisa, los mofletes relajados, el cuerpo flexible…
Mindfulness permite la magia del reencuentro con una misma, desde el amor, la confianza, la curiosidad. Y lo hace tan fácil que cada semana vuelven, se tumban, cierran los ojos y se sienten.
