Decir que mindfulness es el camino hacia la felicidad es un poco arriesgado.
Lo digo, porque si tenemos un concepto reducido de felicidad y pensamos que la felicidad está en el éxito profesional, en tener mucho dinero, en tener posesiones, casas, coches, barcos… viajar mucho, tener mucha vida social, o en ser famosa/o… Pues la verdad, es que no, que a través de mindfulness no conseguirás ese tipo de felicidad, o al menos, no directamente.
Pero si la felicidad está puesta en valorar las pequeñas cosas cotidianas, como despertarte cada mañana y sentir que sí, que es otro día que estás viva y lo agradeces. Si puedes caminar y pasear sintiendo el aire, oliendo los aromas, viendo la naturaleza; si puedes comer varias veces al día e incluso disfrutar de esos alimentos. Si tienes personas cerca de ti con las que hablar, compartir, que te importan y les importas… Si además de todo ello, pones la felicidad en tener una mente tranquila que no se ponga ansiosa al menor contratiempo, si tu mente – corazón está abierta, empática para reconocerte en cada ser (humano) que te cruzas. Si sentir una respiración te conecta con el universo… si esto es así, entonces, mindfulness sí es el camino hacia tu felicidad.
Porque mindfulness es, algo sencillo, cotidiano, que invita a la simplicidad, a la autenticidad. Mindfulness es un tipo de atención, de presencia que va más allá de los conceptos, de las circunstancias.
Establecerte en mindfulness, hacer de mindfulness tu brújula te garantiza no desviarte del camino hacia la felicidad. Y por supuesto que no es un camino llano, limpio y fácil, pero es posible y está al alcance de todas aquellas personas que quieran intentarlo.
