Despejando el ruido de la mente con mindfulness

¿Has tenido alguna vez la sensación de que en la mente había un coro de voces, chillonas, altisonantes, a veces incluso desvergonzadas?

Pues bienvenida/o a la mente humana. Muchas veces tenemos asociada la práctica de mindfulness y en concreto la práctica de la meditación a conseguir que la mente se calme. Y algo de esto puede ser verdad, pero de lo primero que nos damos cuenta cuando empezamos a practicar, es que la mente piensa todo el rato.

A veces, en este darnos cuenta de que la naturaleza de la mente es pensar y va a querer seguir haciéndolo sin parar, hay mucha frustración, sensaciones desagradables que se enredan con los pensamientos de ¡esto no es para mí! o, ¡lo hago mal! O, ¡no puedo, es demasiado difícil! o ¡para qué estoy aquí sentada, si total no paro de pensar!

Seguro que, si alguna vez has practicado, te has tenido que relacionar con algunos de estos pensamientos. Y esto es también normal, casi todo, por no decir todo lo que nos pasa, es normal. También cuando meditamos.

Entonces para qué meditar, para qué entrenarnos en una disciplina, la de la atención plena con unas prácticas exigentes de meditación.

Pues para darnos cuenta de todo ese ruido de la mente y poder hacer algo con él además de tratarnos de una manera amable y compasiva que no es poco.

Con mindfulness podemos despejar el ruido de la mente. En realidad, podemos hacer muchas cosas con el contenido de la mente.

Una de las más importantes es no creernos todo lo que nos presenta, poder abrir espacio entre ese pensamiento o esa emoción sin dejarnos arrastrar por ellos.

Cuando nos sentamos a practicar, hacemos silencio y entonces es como si tuviésemos un asiento privilegiado para observar la mente. Con esa observación vamos siendo capaces de tomar distancia y adquirir otra perspectiva. Con el tiempo y la práctica el ruido se va aquietando o dura menos. Aparecen pensamientos, claro que sí, no es posible dejar la mente en blanco, lo que hacemos es ofrecerle un objeto amable y seguro de atención y observar atentamente.

No es una varita mágica, lo digo siembre. Y a veces acudimos a las clases o la práctica personal queriendo encontrar esa varita mágica que nos lleve a un estado de plenitud en calma. No es muy probable. Lo que sí haremos, es ir reduciendo la ansiedad que nos provoca ese ruido mental lleno de tanta auto narración. Incansable narrador interno que nos lleva una y otra vez a lo mismo, en esta rumiación mental.

Podemos salir de ahí, te lo aseguro. Y cuanto más practiquemos, más capaces somos de darnos cuenta y reconducir nuestra atención. Lo ha demostrado científicamente la Neurociencia. Se sabe que meditar cambia nuestro cerebro. Se produce un engrosamiento de las partes del cerebro que regulan la atención y la reconducen. Nos alejamos poco a poco del automatismo reactivo. Y esto no solo es cuando nos sentamos a meditar, si no que también podemos mantener esta capacidad el resto del día.

Así que, el ruido de la mente no se va con una varita mágica, pero sí se aquieta y se reconduce con la práctica de mindfulness.

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