Yoga en la práctica de mindfulness

Es muy común que en los cursos y retiros de mindfulness en general, se ofrezcan prácticas amables de movimiento consciente, normalmente de Hatha Yoga, aunque también puedes encontrar secuencias de Tai – Chi.

La intención que subyace a este ofrecimiento es doble. Por un lado, se trata de ofrecer movimiento amable tras las horas de práctica de meditación en quietud, sentada o tumbada. Pero, por otro lado, subyace una intención más profunda, que es la de explorar mindfulness, es decir, esa consciencia amable que acoge todo tal y como es de una manera compasiva, cuando invitamos al cuerpo a realizar determinados movimientos.

En concreto cuando utilizamos posturas sencillas de Hatha Yoga que tienen, probada eficacia para cuidar de los músculos y articulaciones y, de las que sabemos, que realizadas desde las actitudes de mindfulness pueden ofrecer un espacio de cuidado y de entrenamiento de la atención plena, lo que hacemos es explorar el cuerpo de una manera muy similar a como lo hacemos en las posturas de quietud.

Podríamos decir, que, en realidad seguimos meditando y que la práctica meditativa de atención consciente y amable al cuerpo continúa.

Lo más importante de esta práctica en general, pero, sobre todo, si la realizamos dentro de un entorno meditativo, es que trabajemos el no esfuerzo o esfuerzo justo, incluso, como decimos en mindfulness, que pongamos más interés en el proceso de movimiento concreto que está realizando cierta parte del cuerpo, en vez de la postura final a conseguir. Este interés tiene sus propios sujetos de atención: por un lado, podemos prestar atención a la respiración, encontrándonos con todos sus matices, lenta, rápida, corta, profunda, intensa, suave. Quizás algunas veces, podemos ver cómo se amiga con el movimiento y acompasarla como si fuera una danza y otras veces, notamos como la retenemos o se des coordina.

También prestamos atención a los límites de autocuidado. Por eso, más allá de las creencias sobre nuestra capacidad de movimiento o coordinación, más allá de lo que hacíamos o conseguíamos en otros momentos de nuestra vida, la invitación es a estar plenamente presente en este movimiento que se inicia, justo ahora cuando mueves el cuello suavemente hacia un lado y quizás hacia el otro, por poner un ejemplo. Por eso al realizar el movimiento suave y lentamente, con más presencia, detectamos las zonas de ¡ojo! Si continúo me voy a hacer daño. O, si la respiración y, por lo tanto, el corazón se ha agitado demasiado.

El cuerpo es el primer fundamento de la práctica de mindfulness, con la práctica del movimiento, atendemos a las posiciones y movimientos que puede realizar, nos encontramos así con la maravilla que supone tener un cuerpo humano; los huesos que conforman las articulaciones, éstas rodeadas a su vez de cartílagos y músculos y todo ello en perfecta colaboración para que podamos alargar un brazo o estirar una pierna.

La práctica del movimiento consciente nos permite atender a un sinfín de sensaciones que aparecen en la piel, en la musculatura. Al realizar ese movimiento de una manera suave y amable, nos relacionamos con el ir y venir de las sensaciones, presión, movimiento, encogimiento, tensión, placer, sudoración…Todo un baile de instantes en las que la sensación surge se mantiene y desaparece. Y podemos ser testigos de todo ello, sin añadir ni quitar nada más.

Sorry, the comment form is closed at this time.

Uso de cookies

Este sitio web utiliza cookies. Si continúa navegando acepta nuestra política de cookies.

ACEPTAR
Aviso de cookies