¿Puedes reconocer cuando la vista se llena de belleza?

A veces nos centramos en lo que va mal, o nos va mal o creemos que en general va mal. Mindfulness no hace que las cosas sean diferentes a como son en cada momento. Y en realidad, yo también creo que hay cosas que van mal en el sentido de que generan mucha infelicidad, mucha ira, mucho sufrimiento.

Lo que ocurre, es que, si solo prestamos atención a esa parte de la existencia, nos perdemos todas las cosas que podríamos decir que van bien, en el sentido de que generan felicidad, amabilidad y bienestar.

Una de esas cosas puede ser salir a dar un paseo por el campo en primavera. Si llevamos la cabeza llena de pensamientos de lo que preocupa y va mal, no nos daremos cuenta de la generosidad de la tierra en este momento. Sin embargo, si podemos caminar presentes, estando con la mente mindful, podremos conocer la sensación, cuando la vista, el oído y el olfato se llenan de belleza.

Algo tan sencillo como salir a caminar por el campo se convierte así en una poderosa práctica de atención plena que nos ayuda a conectar con lo que ya está bien. La naturaleza y sus ciclos, sus propias leyes y modos de relación. Pasear con plena consciencia supone sentir el cuerpo al caminar, pero, sobre todo, dejar que la vista se embriague de color, de los campos verdes llenos de amapolas rojas y margaritas. Rincones escondidos llenos de lirios silvestres, retamas doradas llenas de flor o el cantueso tiñendo el campo de morado. Los árboles poderosos cobijando sus retoños y cubriéndose de hojas; pequeños y grandes arroyos correteando juguetones por los campos dando de beber a los animales y a la propia tierra.

Cuando paseo por el campo, la vista se me llena de belleza. A veces siento tanto contento que creo que voy a estallar de felicidad. Es una belleza sencilla, no podemos poseerla, no cuesta dinero, y está ahí, para contemplarla, solo tenemos que saber mirarla y atenderla desde la presencia de mindfulness.

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